Espinas Auténticas Clavadas en la Carne

Extracto del Prefacio del libro "ROLFING, la Integración de las Estructuras del Cuerpo Humano" de Ida P. Rolf


"No somos torpe y pesada materia, sino un modelo que se construye a sí mismo y se renueva continuadamente." Norbert Wiener


En el cuerpo humano, como en toda materia organizada en unidades biológicas, hay una pauta y un orden. Los seres humanos pueden cambiar en el sentido del orden, pero también alejándose de él. De hecho, el cuerpo humano cambia, el de usted como el de cualquiera. No nos referimos al deterioro ni a la edad, en el sentido en que comúnmente se los acepta. Nos referimos a que el cuerpo -el cuerpo físico de cada cual-, es una materia sorprendentemente plástica, que puede cambiar con rapidez y asumir una estructura más ordenada, y, por consiguiente, más económica en cuanto al gasto de energía.

La integración estructural es un sistema que induce un cambio orientado hacia una pauta ordenada. En general, consiste en un ciclo básico de tratamiento de diez sesiones de aproximadamente 1 hora de duración, que equilibra las relaciones miofasciales.1 La clave de toda experiencia vital es el movimiento; en la estructura humana, que es una estructura segmentada, el movimiento se expresa en las articulaciones. En los humanos, el componente miofascial determina la adecuación de la articulación, de modo que al cambiar las miofascias y normalizarlas, el terapeuta de integración estructural suscita un movimiento más normal (en el sentido que nosotros damos a la palabra). 

Este libro presenta la mecánica de este proceso y, en las fotografías de laboratorio, registra sus efectos.

La posibilidad de este cambio se deriva de la estructura misma del cuerpo y de su mensaje inherente. Depende del hecho de que el cuerpo es una entidad, pero no una entidad unitaria. Aunque las fascias y la piel que lo envuelven crean una ilusión de unidad, un cuerpo es, de hecho, un complejo, una consolidación de diversos segmentos, cuya piedra angular es la pelvis. Las percepciones, respuestas y comportamiento de este complejo integrado no dependen de las unidades individuales que hay dentro de la envoltura, sino de su relación. Un ser humano eficaz constituye un todo superior a la suma de sus partes. Una integración lograda y con sentido depende de las relaciones espaciales apropiadas entre los componentes del cuerpo.

El mensaje de este medio - el cuerpo- es la energía. Para quienes trabajamos con integración estructural, la energía es algo tan manifiesto en el cuerpo que tratamos de que se la sienta como algo virtualmente palpable. Para el individuo que ha sido tratado, el cambio de energía resultante es aún más espectacular: cuando trabaja o cuando juega consume menor cantidad de su reserva vital. Esto sucede en todos los cuerpios a medida que va aflorando en ellos cierto grado de equilibrio.

La forma y la función son una unidad, las dos caras de la misma moneda. Para que la función mejore debe existir o se debe crear una forma adecuada. Sólo se alcanza una salud ideal cuando el cuerpo se aproxima más a su propio patrón. Este patrón, forma o idea platónica es el diseño o el plano de la estructura. Y a su vez, la función más apropiada de esta estructura es la vitalidad, una vitalidad de intensidad desconocida por el individuo medio.



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1. La combinación de la fascia con el músculo que ésta envuelve es lo que se llama miofascia. La integración estructural se apoya sobre una propiedad de la miofascia, su elasticidad.


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