De la experiencia del cuerpo a la antropología encarnada


“Hay dos significados de la palabra sujeto: sujeto a otro por control y
dependencia; y sujeto como constreñido a su propia identidad, a la conciencia y a su propio autoconocimiento”  Michel Foucault

Puede la antropología entenderse sin palabras? Sí, con la condición de haberlas “atravesado”.

Solo así podemos aprehender conceptos nuevos y quitarle algún barniz a la inscripción de la cultura en nuestros cuerpos, volver a intuir el cuerpo primero.

La pérdida de tridimensionalidad en la experiencia vital, la construcción de imágenes planas y virtuales en los medios, y en las propias relaciones interpersonales, se hace piel y carne, sorda y muda en expresión primaria.

El modelo de totalitarismo generado por la imposición de la pornografía, genera una inscripción de violencia en el propio cuerpo.
La sacralidad y misterio original son exiliados. Desde recónditos espacios internos, se expresan ahogados, a través de gritos acallados en la vida cotidiana.

Los múltiples ritos urbanos, construyen una identificación fragmentada en la unidad del Ser y una experiencia alienada en la propia percepción corporal.



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