¿El Rolfing produce algún tipo de dolor?


Cuando la mayoría de la gente piensa en el Rolfing, una de las primeras palabras que vienen a la mente es el dolor. A menudo, esta percepción se basa en relatos anecdóticos de sesiones realizadas durante los inicios del Rolfing, cuando este tendía a ser menos una terapia sutil y más una intensa disciplina, frecuentemente asociado a terapias populares profundas de índole emocional a finales de los años 1960 y principios de los 70. Parte de este reputación puede ser atribuida a unas quejas frecuentes de la Dr. Rolf enunciadas durante las clases formativas a sus estudiantes que no ejercían la suficiente presión en el trabajo corporal. Aparentemente muchos supusieron que lo que quería decir era que tenían que trabajar más duro y más profundo. Sin embargo, ahora nos damos cuenta de que el trabajo profundo no es necesariamente un sinónimo del grado de intensidad en el trabajo corporal. 


Varios factores determinan el nivel de comodidad o incomodidad durante una sesión de Rolfing. Uno de ellos es el grado de trauma en el sistema; otros es el tiempo que las distorsiones fasciales han estado en el cuerpo del paciente. Torsiones antiguas crean patrones compensatorios más tenaces y extendidos, que pueden requerir una presión más sostenida para su liberación. 


Otro factor es el grado de carga emocional asociado a un área de la lesión o deformación. La Dr. Rolf explicó en su momento, que durante el proceso terapéutico se experimenta a menudo un dolor emocional que procede de traumas emocionales profundamente arraigados, y que sus recuerdos por tanto son traídos a la superficie para su procesamiento. Razonó del mismo modo, que el tacto profundo puede resultar en una experiencia transitoria dolorosa como consecuencia de la curación y la transformación. No obstante actualmente hay una variedad importante en cuanto al nivel de intensidad. Muchos profesionales creen que es apropiado actuar según el nivel requerido de cambio. Se recomienda que el paciente potencial del Rolfing hable con todos los Rolfers acerca de este tema y experimente los distintos trabajos corportales de varios profesionales, para así poder juzgar tanto el nivel de intensidad como la calidad de los resultados que tenga. 


Una orientación general para la gran mayoría de los pacientes del Rolfing es que la intensidad del trabajo experimentada es transitoria, dado que comienza por una sensación fuerte procedente de un trabajo corporal duro que se modifica rápidamente decreciendo la intensidad de la misma, hasta llegar a un estado de alivio generalizado de las tensiones lo que produce un cambio profundo y transformador. Parafraseando a Peter Schwind, un Certified Advanced Rolfer de Munich, Alemania, "El arte de Rolfing es dominar un amplio abanico de estilos del tacto, y saber cuándo es necesario un contacto más ligero o más profundo”. La comunicación continua con el cliente y el ritmo del nivel de intensidad son esenciales; cuando los tejidos seriamente restringidos son liberados y reestructurados, producen unos profundos efectos que generan una reacción en el paciente, lo que resulta en un estado de incomodidad transitorio.





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