Es una pregunta que se realizan personas y terapeutas, encontrando la solución en libros e Internet (qué es y cómo funciona). Parece como algo oculto (esotérico) y para pocas personas, pero doy fe de que esto no es cierto, ya que con la práctica diaria vas encontrando sentido.
Cuando comencé a estudiar la técnica, me parecía una técnica más de todas las que existen, pero cuando la empiezas a practicar en profundidad es realmente maravillosa, no pareciéndose a otras y ganando una sensibilidad exquisita como practicante. Al principio de emplear la técnica te sucumben dudas de si realmente estas sintiendo el ritmo o es un parecer tuyo, después de haber pasado por tres profesores observé que realmente SI sentía el ritmo y éste es algo indescriptible el poderlo sentir en tus dedos.
Aquí no voy ha relatar en que consiste y que es, ya que de ello hay mucho escrito, voy a relatar otras planos que creo son interesantes.
El hombre en bipedestación tiene un compromiso entre la verticalidad y la necesidad de ocultar sus problemas de todo tipo. La organización general del cuerpo responde a una necesidad de relación con la vida.
Nuestro cuerpo esta preparado para: observar, percibir, reaccionar y dar. En estos cuatro planos trabajamos la técnica.
Cualquier tipo de disfunción o bloqueo, ya sea por shock, tensión emocional o física, va a afectar a este sistema y a los otros sistemas corporales que están en relación.
Cuando tratamos al cuerpo humano, una pequeña fuerza durante un tiempo largo puede hacer más que una fuerza grande durante un corto espacio de tiempo. Esto se debe a que una fuerza leve provoca menos resistencia por parte del cuerpo del paciente (esto lo podemos comparar al tirarnos a una piscina, la entrada cuando la realizamos de cabeza o de pie es más suave que si nos tiramos de tripada, la diferencia de choque es por las resistencias de las masas, esto es lo que pasa con el cuerpo humano, si entramos con pequeñas presiones y movimientos el tejido nos dejara profundizar más).
Todos nosotros conocemos el ritmo respiratorio y cardíaco, pero no el ritmo craneal. Simplemente reposando las manos en diferentes partes del cuerpo se consigue sentir el ritmo, siendo éste aprendido a sentirlo e interpretarlo en diferentes partes del cuerpo, recibiendo información de los posibles desajustes y síntomas del sistema.
Cuando ciertas regiones o partes del cuerpo no se mueven rítmicamente, podemos saber que estas zonas son áreas problemáticas del cuerpo. Ya que las posibles disfunciones afectan al ritmo, teniendo una influencia muy importante sobre diversas y variadas funciones corporales.
Un papel importante lo juega la fascia, o tejido conectivo, cuando la fascia se distorsiona, afecta al sistema y viceversa, la disfunción del sistema tiene una gran repercusión en la fascia. A veces no sabemos cual es el conflicto, pero sabemos dónde está localizado en el cuerpo y esto es un principio muy importante para solucionarlo.
A medida que localizamos el problema y los tejidos del paciente se van liberando a nuestro tacto, podemos llegar al núcleo y, de una manera no agresiva, ir desbloqueando a partir de diferentes clases de manipulaciones. En realidad, el terapeuta no impone nada sobre el cuerpo de la persona, sino que ayuda al poder auto corrector del organismo.
En Estados Unidos el terapeuta cráneo- sacral se llama facilitador. Es la causa de que esta terapia tan suave como efectiva, es segura y conveniente para personas de todas las edades. Desde adultos hasta niños y bebés, así como después de una operación o en condiciones de fragilidad, complementando el tratamiento médico o psicológico.
Como terapia integral del organismo, el tratamiento puede ayudar en casi cualquier situación. Si no hay una patología concreta, la terapia nos ayuda a eliminar tensiones y bloqueos y a vivir la vida más plenamente, aumentando la vitalidad corporal.
El trabajo cráneo-sacral, tiene un efecto meditativo, relajante y activador de las fuerzas de autocuración del organismo.




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Daniel Enriquez de Guevara



























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